Paraíso Era un pueblo al sur de mi planeta en la trayectoria del Caribe...

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Roxana Valdivia, licenciada en Periodismo, fundadora y presidenta histórica de Patria, órgano de prensa libre en una Cuba esclava.

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viernes, 29 de abril de 2011

ESCABECHE de serrucho...al estilo de mi abuela.

El ESCABECHE es una receta muy práctica porque permite aprovechar las ruedas de pescado fritas sobrantes de cenas anteriores.


INGREDIENTES:

2 LIBRAS DE SERRUCHO U OTRO PESCADO SIMILAR
2 CEBOLLAS GRANDES
2 PIMIENTOS GRANDES (UNO VERDE Y OTRO MADURO)
1 TAZA DE ACEITUNAS
½ TAZA DE ALCAPARRA
1 TAZA DE HARINA DE TRIGO
1 TAZA DE ACEITE
1 CUCHARADITA DE SAL
½ CUCHARADITA DE PIMIENTA MOLIDA
1 CUCHARADITA DE PIMENTÓN DULCE
ACEITE Y VINAGRE A PARTES IGUALES, SUFICIENTE PARA CUBRIRLO TODO

Se corta el pescado en ruedas o filetes de dos centímetros. Se envuelven en harina de Castilla o harina de trigo. Calentar el aceite y poner las ruedas empanizadas a freir a fuego medio hasta dorarlas verificando que estén bien cocinadas por dentro.
Se puede utilizar el mismo aceite para freir ligeramente las rodajas de cebolla y los pimientos picados en tiras no muy finas. Algunas personas agregan laurel, orégano o comino pasado por aceite caliente, pero en muy pequeña cantidad, si acaso media cucharadita.
Colocar el pescado con las cebollas, el ají y los demás condimentos a un recipiente de cristal bien esterilizado. Agregar aceitunas, sal al gusto, especias, alcaparras, ajo, vegetales fresco hervidos y otros encurtidos como pepinillo.
Para añadir el aceite y el vinagre, estos deben calentarse a partes iguales en un sartén y luego verter la mezcla encima del pescado y demás aliños.
El recipiente de cristal debe taparse bien con rosca y dejarse reposar al menos por una semana. No necesita estar refrigerado y al ser servido debe sacarse con cucharas de madera o plásticas para no dañar el aliño-.
Las ruedas de pescado no necesariamente se deben empanizar. Mi padre por ejemplo, siempre las hizo solamente fritas.

Liberados Darsi Ferrer y otros opositores.

El adoctrinamiento como método de asegurar la permanencia en el poder

La educación ¨gratuita¨ en Cuba en realidad paga un altísimo precio y es la entrega incondicional del alma al verdugo que adoctrina a los hijos en el servilismo eterno a la dinastía Castro. El respeto a la libertad de pensamiento, palabra, obra y opinión es violado consciente y cotidianamente porque como dicen los fascistas de La Habana, ¨la Universidad es para los revolucionarios ¨, ¨la calle es de Fidel¨. Cuba es una caverna con hombres de piedra a macetazos contra la civilización. Algo semejante se practicó en la Alemania de Hitler con los niños que eran arrancados a las familias judías y llevados al Guetto, y posteriormente, los màs fuertes, captados para integrar las filas del Ejército Naxi. Un ejemplo actual de esos niños es Elián González.Todos conocemos la triste historia...
Más claro ni el agua.

jueves, 28 de abril de 2011

IMPULSAN PUNTOS DE ACCION EN "TODOS SOMOS RESISTENCIA"




Cerca de 600 miembros de la Resistencia interna cubana impulsan puntos de acción por la libertad

ADJUNTO: Documento “Todos Somos Resistencia”, lista de firmas en apoyo desde Cuba

Miami. 28 de abril de 2011. Asamblea de la Resistencia Cubana. Contando con el respaldo de 584 activistas de la Resistencia dentro de Cuba, la Asamblea de la Resistencia Cubana presentó hoy en Miami una alternativa democrática que defiende los derechos del pueblo cubano contra el proyecto del VI Congreso del Partido Comunista de la dictadura castrista de mantenerse en el poder a toda costa. La Resistencia Cubana dentro y fuera de la isla, unida en su determinación de continuar luchando hasta lograr la libertad plena y el fin del régimen comunista, se ha comprometido a siete puntos de acción por la libertad.

Mientras circulan falsas expectativas de reforma promovidas por el régimen comunista en Cuba, la Resistencia Cubana ratificó su compromiso a favor de la instauración de un sistema plenamente democrático y pluripartidista, bajo un estado de derecho que garantice las libertades y derechos fundamentales del pueblo cubano y el fin del régimen comunista.

Los puntos, recogidos en un documento titulado “Todos Somos Resistencia” que expone la unidad de la lucha democrática realizada por cubanos en la isla y en el exilio, representan un fuerte impulso a las acciones de resistencia cívica encaminadas a favor de la libertad y el fin definitivo del régimen comunista.

“Consideramos que la dictadura, como reafirmó en el reciente congreso de su partido único, es la negación de [la soberanía popular] y de la pluralidad natural de la cual emana. La Asamblea de la Resistencia Cubana y el Frente Nacional de Resistencia Cívica y Desobediencia Civil Orlando Zapata Tamayo, así como todas las instituciones de la emergente sociedad civil cubana se basan en principios democráticos de pluralidad y desde ellos proyectan una lucha del pueblo por recuperar su derecho inalienable a forjar las leyes bajo las que vive, en aras del bien común de la nación y sus ciudadanos”, reza el documento.

Asimismo, la Asamblea de la Resistencia Cubana reiteró su solidaridad con los luchadores cívicos dentro de Cuba, incluyendo a una treintena de activistas de la Alianza Democrática Oriental detenidos tras haber fundando la Peña Cívica Orlando Zapata Tamayo en la ciudad de Baracoa, exigiendo su inmediata excarcelación.

“Nuestra lucha es por el rescate de la soberanía popular, secuestrada por más de medio siglo por el régimen que impera en Cuba, y no aceptamos concesiones ni mediatizaciones al respecto”, reza el documento.

La Asamblea de la Resistencia Cubana es una agrupación de más de 50 organizaciones pro-democráticas dentro y fuera de Cuba. El Frente Nacional de Resistencia Cívica y Desobediencia Civil Orlando Zapata Tamayo es una coalición organizada a nivel nacional, contando entre sus bloques constituyentes con la Alianza Democrática Pinareña, la Coalición Central Opositora, la Unidad Camagüeyana por los Derechos Humanos y la Alianza Democrática Oriental.

Los siete principios de acción son los siguientes:


1. Resistir cualquier intento, de donde quiera que provenga, de establecer un “status quo” político de tolerancia para el totalitarismo castrista usando como excusa reordenamientos económicos marginales que no cambian la esencia de opresión política y económica del sistema comunista.

2. Apoyar la Campaña Nacional por la Libertad de Todos los Presos Políticos iniciada por el Partido Democrático 30 de noviembre dentro de Cuba y el Movimiento 30 de Noviembre en el exterior, y exigir la eliminación de las leyes del Código Penal cubano que penalizan el ejercicio del activismo político opositor.

3. Apoyar y participar en las protestas públicas organizadas por el FNRC como parte de la Campaña “Las Calles son del Pueblo”.

4. Protestar contra el desempleo, la pobreza, los bajos salarios y la discriminación organizándose desde su mismo núcleo familiar.

5. Escribir la palabra “Resistencia” o “Todos Somos Resistencia” en cuanto lugar o fachada pública puedan, en solidaridad con la lucha por la democracia y la libertad.

6. Instar a los cubanos que integran las fuerzas represivas que cesen la violencia contra la familia cubana.

7. Luchar hasta el fin de la dictadura. La Resistencia no cesará hasta que los derechos y libertades del pueblo cubano sean plenamente restablecidos. La dictadura tiene que terminar.

Posted by Angélica Mora at 6:32 PM

El Penthouse de Heriberto: Los impuestos “revolucionarios” (a.k.a. “extorsion...

El Penthouse de Heriberto: Los impuestos “revolucionarios” (a.k.a. “extorsion...: ". Martine Franck - Eumenides by Aeschylus, Théâtre du Soleil, Cartoucherie de Vincennes, Paris, France, 1992 . Estando comiendo en W..."

Policía Nacional Revolucionaria

¡Qué país es ese donde cualquiera puede destrozar tu casa y escapar impunemente protegido y custodiado por el mismo gobierno!




Miguel Calderon
Criminal Justice

(Artículo publicado en Inglés por Miguel Calderón, estudiante de Licenciatura en Justicia Criminal y Ciencias Forenses, y traducido al español especialmente para Cuba testigos)
La humanidad tiene un orden alrededor del mundo de una manera o de otra. La aplicación de ese orden por fuerzas policiales es parte cotidiana de nuestras vidas, para proteger y servir, para castigar a los malos y proteger el bien. El sistema de la ley de Estados Unidos se compone de muchos tipos diferentes de normas y cientos de diferentes tipos de castigo. El acontecer diario de la delincuencia en Estados Unidos ocurre sobre una base legal que puede no ser perfecta y argumentarse en la forma que se maneja, pero funciona sobre los cimientos de un país democrático y respetuoso del derecho ciudadano.
Algunos dirán que el sistema de derecho aquí es injusto y es necesario un cambio dramático. Tal vez es cierto y también posible en una sociedad justa como la de América en la que la Constitución puede ser enmendada por petición popular: Ahora bien, nada es comparado con la Policía Nacional Revolucionaria de la Fuerza en el país de mis padres, Cuba. Para aquellos que no han oído hablar de esa isla, les diré que Cuba es un país comunista, así que las cosas allá están corriendo un poco diferentes...

El artículo 64 de la Constitución cubana dicta que "la defensa de la patria socialista es el más grande honor de todos los cubanos y el más alto deber." Es decir, la lealtad al dictador y no la lealtad al propio ser y a la familia es el principio de esa malsana constitución, enrarecida por el gobierno que ya dura más de cinco décadas. En otras palabras, aquí en los EE.UU., las autoridades detienen limpiamente a una persona que ha robado o herido a alguien. En Cuba, se detiene brutalmente al ciudadano si éste menciona las palabras "Fidel" y "Cambio" en la misma oración o frase

En Cuba nadie tiene libertad de expresión, por lo que cualquier cosa que diga contra el gobierno pone a un ciudadano tras las rejas después de una buena pateadura de trasero. Todo el que no profese el credo de la familia que usurpa el poder sin elecciones por más de medio siglo es tratado como animal, son la clase inferior y sin derechos. Para cualquier joven que como yo, haya crecido en un país civilizado como éste en el que Gracias a Dios vivo, miramos a la isla como un país de cavernícolas con el mazo en la mano y plantados sobre la piedra angular de la cueva. Roberto Hernández, un ciudadano cubano fue alineado contra una pared de mercado de barrio en frente de su pueblo y le dispararon en ambas piernas, en la espalda, ambos brazos y en la cabeza por la policía cubana. Fue acusado de "traición a la patria", al parecer, era porque estaba escribiendo artículos sobre cómo Cuba necesita un nuevo establecimiento y el orden del nuevo gobierno.
La ley de Miranda en los EE.UU. consiste en la lectura de sus derechos en el proceso de ser detenido. La Ley de Miranda en Cuba... no existe. No hay nada como la ley de Miranda estadounidense en Cuba. Usted no tiene derechos, no se puede conseguir un abogado porque no se le asignará una parte, sino que se asomará tan sólo a algo parecido a un circo y por supuesto, nadie puede pagar un abogado independiente que realmente le represente; primero porque no existe y segundo, debido a la pobreza ciudadana. Mientras el pueblo vive en cobertizos para herramientas, Fidel vive en mansiones.
Tras el triunfo del nuevo establecimiento en 1959, la constitución de Cuba fue reescrita y "fija". Leyes basadas en la educación, los tribunales, la policía y los bancos fueron cambiados todos a favor de quien es el alfa y el omega: Fidel. En febrero de 1962, 45 oficiales de la Fuerza Aérea Cubana fueron juzgados por genocidio en los tribunales civiles y fueron absueltos. Su absolución fue denunciada públicamente por Fidel Castro como un aborto involuntario de la justicia. En respuesta a la sentencia, el Gobierno Revolucionario creó "tribunales revolucionarios", cuyo objetivo fue juzgar a los acusados de colaborar con el depuesto régimen de Batista, en especial a los acusados de tortura y asesinato, y quienes se dedican a la actividad contrarrevolucionaria. Es justo condenar a criminales, pero no mezclar a auténticos patriotas con asesinos pues eso significa algo extremadamente inmoral e indignante. Incluso ex compañeros de lucha de los Castro, llamados rebeldes, fueron sentenciados a muerte y encarcelados por negarse a ser comunistas.

Hurto y robo en Cuba tienen castigos similares a los de aquí en los EE.UU… aunque bueno, depende de lo que se toma. La carne sólo se vende tal vez una o dos veces al mes al igual que la leche, por desgracia, ese alimento básico probablemente no va a durar un mes, por lo que algunas personas roban la carne y la leche y por supuesto algunos quedan atrapados. Aquellos que se ven atrapados enfrentan una pena de 10 a 15 años de prisión. El castigo por asesinato en Cuba también tiene similitudes con la forma en que tratamos el asesinato aquí en los EE.UU... . Por supuesto, eso depende de por qué asesinó a la persona. Si un ciudadano cubano fue asesinado porque estaba hablando en términos contrarrevolucionarios, entonces él se lo merecía.
Los sistemas judiciales de trabajo son un poco diferentes que en los Estados Unidos de América. Aquí nadie puede ser discriminado por sus ideas políticas o religiosas o por su procedencia racial. En Cuba los que no profesan lealtad al dictador son ciudadanos de última clase y bajo ninguna ley se le permite al pueblo demandar a ningún centro escolar o de trabajo por discriminación. Los tribunales revolucionarios en Cuba tienen una pésima reputación, y no cesan de ser acusados internacionalmente de actuar demasiado rápido y obtener cierto resultado aún en los casos graves. En total, cientos de personas son declaradas culpables en los procedimientos contra los actos contrarrevolucionarios y posteriormente ejecutadas.

La legislación cubana en materia de propiedad privada ha sido muy criticada por ofrecer poca o ninguna protección al fruto del esfuerzo personal. El gobierno realmente no se preocupa por la propiedad privada de nadie, incluso las viviendas que son agredidas y destrozadas por los grupos paramilitares y violentos. ¡Qué país es ese donde cualquiera puede destrozar tu casa y escapar impunemente protegido y custodiado por el mismo gobierno!
La población roba, tiene que robar para comer, para sostener la familia. La gente tiene que operar en el mercado negro para proveer al hogar…pero entonces no es ese asunto de real interés para la policía. La única propiedad privada que preocupa es el país completo, que pertenece a la mafia en el poder. El intento de despojar al gobierno del poder absoluto del país con todos sus habitantes, que también son propiedad estatal, podría ponerlo tras las rejas oxidadas en cuestión de segundos, sin hacer preguntas.
Hablando de rejas, las cárceles y prisiones de allá son totalmente distintas a las de Estados Unidos! Josefa Roxana Valdivia fue una periodista cubana que trabajó para la prensa diaria en Cuba entre los años 1979 y 1990. Ella publicó artículos y entrevistas sobre el gobierno corrupto e injusto que Cuba poseía y más tarde fue acusada de "antisocial" comportamiento y se puso en la cárcel poco después del nacimiento de su segundo hijo. Fue puesta en prisión y se registró a 140 libras de peso corporal; después de su liberación fue un peso de poco más de 85 libras. En su testimonio ella recuerda como se alimentaba con agua caliente salada y escamas y espinas de pescado molidas, que allá en la isla llaman ¨murralla¨. Realmente es patético cómo en las cárceles de Castro se mueren de hambre y son enviadas a padecer inofensivas personas por "crímenes" que nunca han cometido. Esta mujer fue puesta en libertad y recibió su visado para una salida segura de Cuba a los Estados Unidos de América. Esta mujer era mi madre.
Los Estados Unidos de América tiene un programa de aplicación de la ley especial contra la delincuencia, algunos pueden argumentar que sea imperfecta e injusta, y mejorarla para el beneficio ciudadano. Nuestra ley no es perfecta, ¡ pero funciona!

miércoles, 27 de abril de 2011

JOSE MARTI Y LA VERDAD SOBRE LOS ORIGENES DEL 1 DE MAYO

Así se explica que los trabajadores mismos temblaron al ver qué delitos de terror y bombas se criaban a su sombra
José Martí (1886)


El proceso de los siete anarquistas de Chicago, redactado por José Martí en la ciudad de Nueva York, el 2 de Septiembre de 1886 y publicado en el Diario "La Nacion" de Buenos Aires.
Señor Director de La Nación:
Aquellos anarquistas que en la huelga de la primavera lanzaron sobre los policías de Chicago una bomba que mató a siete de ellos, y huyeron luego a casa donde fabrican sus aparatos mortíferos, a los túneles donde enseñan a sus afiliados a manejar las armas, y a untar de ácido prúsico, para que maten más seguramente, los puñales de hoja acanalada; aquellos que construyeron la bomba, que convocaron a los trabajadores a las armas, que llevaron cargado el proyectil a la junta pública, que exitaron a la matanza y el saqueo, que acercaron el fósforo encendido a la mecha de la bomba, que la arrojaron con sus manos sobre los policías, y sacaron luego a la ventana de su imprenta una bandera roja, aquellos siete alemanes, meras bocas por donde ha venido a vaciarse sobre América el odio febril acumulado durante siglos europeos en la gente obrera; aquellos míseros, incapaces de llevar sobre su razón floja el peso peligroso y enorme de la justicia, que en sus horas de ira enciende siempre a la vez, según la fuerza de las ramas en que arraiga, apóstoles y criminales; aquellos han sido condenados, en Chicago, a muerte en la horca.

Tres de ellos ni entendían siquiera la lengua en que los condenaban. El que hizo la bomba, no llevaba más que unos nueve meses de pisar esta tierra que quería ver en ruinas.

Uno solo de los siete, casado con una mulata que no llora, es norteamericano, y hermano de un general de ejército: los demás han traído de Alemania cargado el pecho de odio.

Desde que llegaron, se pusieron a preparar la manera mejor de destruir. Reunían pequeñas sumas de dinero; alquilaban casas para hacer experimentos; rellenaban de fulmicoton trozos pequeños de cañerías de gas: iban de noche con sus novias y mujeres por los lugares abandonados de la costa a ver cómo volaban los cascos de barco; imprimían libros en que se enseña la manera fácil de hacer en la casa propia los proyectiles de matar: se atraían con sus discursos ardientes la voluntad de los miembros más malignos, adoloridos y obtusos de los gremios de los trabajadores: "pudrían -dice el abogado- como el vómito del buitre, todo aquello a que alcanzaba su sombra".

Aconsejaban los bárbaros remedios imaginados en los países donde los que padecen no tienen palabra ni voto, aquí, donde el más infeliz tiene en la boca la palabra libre que denuncia la maldad, y en la mano el voto que hace la ley que ha de volcarla: al favor de su lengua extranjera, y de las leyes mismas que desatendían ciegamente, llegaron a tener masas de afiliados en las ciudades que emplean mucha gente alemana: en Nueva York, en Milwaukee, en Chicago.

En libros, diarios y juntas adelantaban en organización armada y predicaban una guerra de incendio y de exterminio contra la riqueza y los que la poseen y defienden, contra las leyes y los que las mantienen en vigor. Se les dejaba hablar, aun cuando hay leyes que lo estorban, para que no pudieran prosperar so color de martiriro, ideas de cuna extraña, nacidas de una presión que aquí no existe en la forma violenta y agresiva que del otro lado del mar las ha engendrado.

Prendieron estas ideas lóbregas en los espírutus menos racionales y más dispuestos por su naturaleza a la destrucción; y cuando al fin, como enseña de este fuego subterráneo, saltó encendida por el aire la bomba de Chicago, se vio que la clemencia equivocada había permitido el desarrollo de una cría de asesinos.

Todo esto se ha probado en el proceso. Ellos que, salvo el norteamericano, tiemblan hoy, pálidos como la cal, de ver cerca la muerte, manejan en calma los instrumentos más alevosos que han sugerido nunca al hombre la justicia o la venganza.

No fue que rechazasen en una hora de ira el ataque violento de la policía armada: fue que, de meses atrás, tenían fábricas de bombas, y andaban con ellas en los bolsillos "en espera del buen momento", y atisbaban el paso a los grupos de huelguistas para enardecerles con sus discursos la sangre, y tenían concertado un alzamiento en que se echasen sobre la ciudad de Chicago a una hora fija las carretadas de bombas ocultas en las casas y escondites donde los mismos, que ayudaron a hacerlas las descubrieron la policía.

No embellece esta vez una idea el crimen.

Sua artículos y discursos no tienen aquel calor de humanidad que revela a los apóstoles cansados, a las víctimas que ya no pueden con el peso del tormento y en una hora de majestad infernal la echan por tierra, a los espíritus de amor activo nacidos fatalmente para sentir en sus mejillas la vergüenza humana, y verter su sangre por aliviarla sin miramiento del bien propio.

No: todas las grandes ideas de reforma se condesan en apóstoles y se petrifican en crímenes, según en su llameante curso prendan en almas de amor o en almas destructivas. Andan por la vida las dos fuerzas, lo mismo en el seno de los hombres que en el de la atmósfera y en el de la tierra. Unos están empeñados en edificar y levantar: otros nacen para abatir y destruir. Las corrientes de los tiempos dan a la vez sobre unos y otros; y así sucede que las mismas ideas que en lo que tienen de razón se llevan toda la voluntad por su justicia, engendran en las almas dañinas o confusas, con lo que tienen de pasión estados de odio que se enajenan la voluntad por su violencia.

Así se explica que los trabajadores mismos temblaron al ver qué delitos se criaban a su sombra; y como de vestidos de llamas se desasieron de esta mala compañía, y protestaron ante la nación que ni los más adelantados socialistas protegían ni excusaban el asesinato y el incendio a ciegas como modos de conquistar un derecho que no puede ser saludable ni fructífero si se logra por medio del crímen, innecesario en un país de república, donde puede lograrse sin sangre por medio de la ley.

Así se explica cómo hoy mismo, cuando los diarios fijaron en sus tablillas de anuncio el veredicto del jurado, no se oía una sola protesta entre los que se acercaban ansiosamente a leer la noticia.

¡Ay! ¡aquí los corazones no son generalmente sensibles! ¡aquí no hace temblar la idea de un hombre muerto por el verdugo a mano fría! ¡aquí se habitúa el alma al egoísmo y la dureza! pero se suele ver, como en los días de la agonía de Garfield, el corazón público, -se suele sentir, como en los días del abolicionista Wendell Phillips, la pujanza con que se revela la conciencia nacional contra la injusticia o el crimen,- se ve crecer en un instante, como en los días de las huelgas de carros, la ira de la clase obrera cuando se cree injuriada en su decoro o su derecho.

Y esta vez, ni un solo gremio de trabajadores en toda la nación ha mostrado simpatía, ni cuando el proceso, ni cuando el veredicto, con los que mueren por delitos cometidos en su nombre.

Y es porque esos míseros, dándose a sí propios como excusa de su necesidad de destrucción las agonías de la gente pobre, no pertenecen directamente a ella, ni están por ella autorizasos, ni trabajan en construir, como trabaja ella; sino que son hombres de espíritu enfermizo o maleado por el odio, empujados unos por el apetito de arrasar que se abre paso con pretexto público en todas las conmociones populares, pervertidos otros por el ansia dañida de la notoriedad o provechos fáciles de alcanzar en las revueltas,-y otros, ¡los menos culpables, los más desdichados!, endurecidos, condensados en crimen, por la herencia acumulada del trabajo cervil y la cólera sorda de las generaciones esclavas.


Aquí, a favor de la gran libertad legal, de lo fácil del escape en esta población enorme, de la indulgencia que envalentonó la propaganda anarquista, se reunieron naturalmente para su obra de exterminio esos elementos fieros de todo sacudiemiento público: los fanáticos, los destructores y los charlatanes. Los ignorantes los siguieron. Los trabajadores cultos se retrajeron de ellos con abominación. Los obreros norteamericanos miraron como extraños a esos medios y hombres nacidos en países cuya organización despótica da mayor gravedad y color distinto a los mismos males que aquí los hábitos de libertad hacen llevaderos.
El silencio amparó la obra siniestra.

Y cuando llegaron para Chicago las horas de inquietud que en su justa revuelta por su mejoramiento está causando en todo el país la gente obrera, saltaron a su cabeza los hombres tenebrosos, vociferando, ondeando pañuelos rojos, azuzando a los desesperados, echando al aire la bomba encendida.

Saltaron en pedazos los hombres rotos: murieron miembro a miembro desesperados en los hospitales: repudió toda la gente de trabajo a los que a sangre fría mataban en su nombre. Y hoy, cuando se anuncia el veredicto que los condena a muerte, se siente que en esta masa de millones hay todavía rincones vivos donde se hacen bombas, se reúnen en Nueva York dos mil alemanes a condolerse de los sentenciados, se sabe que no han cesado en Chicago, ni en Milwaukee, ni en Nueva York los trabajos bárbaros de estos vengadores ciegos; pero las grandes masas no han alzado la mano contra el veredicto, ni el curioso indiferente que se acerca hoy a las tablillas de los diarios hubiera podido oír a un solo trabajador ni comerciante, ni una palabra de condenación o de ira contra el acuerdo del jurado.

Porque entre otras cosas, los peligros mismos que, a la raíz del proceso, corría el jurado, venían siendo garantía de que él no daría veredicto de muerte contra los anarquistas, a tener la menor posibilidad de evitarse así una inquietud para la conciencia y un riesgo para sus vidas. Si la evidencia no era absoluta, el jurado se aprovecharía de ello para no incurrir en la ira de los anarquistas.

Ya se sabe que el jurado aquí, como en todas partes, no es como los jueces, que viven de la justicia y pueden afrontar los peligros que les vengan de ejercerla con protección y paga del orden social que los necesita para su mantenimiento.

Estos doce jurados, traídos muy contra su voluntad a juzgar a los jefes de una asociación numerosa de hombres que creen glorioso el crimen, y criminales a todos los que se oponen, habían de temer con razón que los anrquistas enfurecidos por la sentencia de sus jefes, llevasen a cabo las amenazas que esparcían abundantemente, mientras se estaba eligiendo el jurado.

Treinta y seis días tardó el jurado en formarse. Novecientos ochenta y un jurado hubo que examinar para poder reunir doce. Reunidos al fin, siguió por todo un mes la sombría vista.

De noche reposaban los jurados en sus cuartos en el hotel, vigilados por los alguaciles que debían librarles de toda comunicación o amenaza: deliberaban: comentaban los sucesos del día: iban concentrando el juicio: se distraín tocando piano, banjo y violín. De día eran las sorpresas.

Ya era el norteamericano Parsons, a quien la policía no podía hallar, y se presentó de súbito en la sala del proceso, desaseado, barbón, duro, arrogante: ya era que iban perdiendo su seguridad aparente los presos, conforme el fiscal público presentaba en el banquillo como testigos a los cómplices mismos de los anarquistas, al regente de la impenta del periódico que incitaba a la matanza, al dueño de la casa donde el recién llegado alemán hacía las bombas.

Una joven repartía un día a los presos ramilletes de flores encarnadas. La madre del periodista Spies oía día a día las declaraciones contra su hijo. El fiscal presentó en su propia mano una bomba cargada, de las que se hallaron en un escondite, fabricadas por uno de los presos, con ayuda del cómplice que lo denunciaba desde el banquillo.

Cada día se veían crecer las alas de la muerte, y se sentían más aquellos infelices bajo su sombra.

Todo se fue probando: la premeditación, la manufactura de los proyectiles, la conspiración, las excitaciones al incendio y el asesinato, la publicción de claves en el diario con este fin, el tono criminal de los discursos en la junta de Haymarket, la preparación y lanzamiento de la bomba desde la carreta de los oradores.
Estaba entre los preso el que la había hecho, ésa y cien más.

Los restos de la bomba eran iguales a los que los cómplices de los presos entregaron en la policía, y a las que tenía el periodista en su imprenta y enseñaba como hazaña.

Los testigos de la defensa se contradijeron y dejaron en pie la acusación. Los testigos de la acusación eran amigos, compañeros, empleados, cómplices de los presos.

Sin miedo hablaron el fiscal y su abogado. Sin fortuna ni solidez hablaron los defensores. El juez dijo al jurado en sus indicaciones que el que incita a cometer un delito y a preparlo es tan culpable de él como el que lo comete.

Anonadaba tanta prueba. Estremecía lo que se había oído y visto. Trascendía al tribunal el espanto público.

El jurado deliberó poco, y a la mañana siguiente los presos fueron llamados a oír el veredicto.

¡Pobres mujeres! La viejecita Spies, la madre del periodista, estaba en un rincón, mirando como quien no quiere ver. Allí su hermana joven. Allí la novia lozana de uno de los presos. Allí la mujer de Schwab, desdichada y seca criatura, el cuerpo como roído, de rostro térreo y manos angulosas, extraña en el vestir, los ojos vagos y ansiosos, como de quien viviese en compañía de un duende: Schwab es así: desgarbado, repulsivo, de funesta apariencia; la mirada caída bajo los espejuelos, la barba silvestre, el pelo en rebeldía, la frente no sin luz, el conjunto como de criatura subterránea.

Allí la mulata de Parsons, implacable e inteligente como él que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera. Los noticieros de los diarios se le acercan, más para tener qué decir que para consolarla. Ella aprieta el rostro contra su puño cerrado.

No mira; no responde; se le nota en el puño un temblor creciente; se pone en pie de súbito, aparta con ademán a los que la rodean, y va a hablar de la apelación con su cuñado.

La viejecita ha caído en tierra. A la novia infeliz se la llevan en brazos. Parson se entretenía mientras leían el veredicto en imitar con los cordones de una cortina que tenía cerca el nudo de la horca, y en echarlo por fuera de la ventana, para que lo viese la muchedumbre de la plaza.

En la plaza, llena desde el alba de tantos policías como concurrentes, hubo gran conmoción cuando se vio salir al tribunal, como si fuera montado en un relámpago, al cronista de un diario,-el primero de todos. Volaba. Pedía por merced que no lo detuviesen. Saltó al carruaje que lo estaba esperando.

- "¿ Cuál es, cuál es el veredicto ?"-voceaban por todas partes.-"¡Culpables!"-dijo, ya en marcha. Un hurra, ¡triste hurra!, llenó la plaza. Y cuando salió el juez, lo saludaron.


Publicado en La Nación, Buenos Aires, 21 de octubre de 1886.

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CRIMENES DEL CASTRISMO

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Los artículos 18 a 21 recogen derechos de pensamiento, de conciencia, de religión y libertades políticas Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de Creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Hoy anduve lejos... muy cerca.

Hoy anduve lejos... muy cerca.
...Me enviaron una foto de la casa de mi infancia, hoy en ruinas, es un testigo del derrumbe de la nación pedazo a pedazo.

Patria, órgano del Partido Revolucionario Cubano, obra cumbre de Marti dentro del periodismo

  • Solo la opresión debe temer al ejercicio pleno de las libertades.
    El 14 de marzo de 1892 surge Patria


    Yo no creo que en aquello que a todos interesa, y es propiedad de todos, debe intentar prevalecer, ni en lo privado siquiera, la opinión de un solo hombre.
  • La tiranía es una misma en sus varias formas, aunque se vista en algunas de ellas de nombres hermosos y de hechos grandes.
  • La Fuerza tiene siempre sus cortesanos, aun en los hombres de ideas.
  • Hay hombres dispuestos naturalmente a ser ovejas, aunque se crean libérrimas águilas
  • Todo poder amplia y prolongadamente ejercido, degenera en casta. Con la casta, vienen los intereses, las altas posiciones, los miedos de perderlas, las intrigas para sostenerlas. Las castas se entrebuscan, y se hombrean unas a otras.
  • A nada se va con la hipocrecía. Porque cerremos los ojos, no desaparece de nuestra vista lo que está delante de ella. Hay pocas cosas en el mundo que son tan odiadas como los hipócritas.
  • El hombre sincero tiene derecho al error.
  • Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército.
  • Todo hombre es la semilla de un déspota; no bien le cae un átomo de poder, ya le parece que tiene al lado el águila de Júpiter, y que es suya la totalidad de los orbes.
  • Los odiadores debieran ser declarados traidores a la república. El odio no construye.
    La libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio.
  • Los grandes derechos no se compran con lágrimas, sino con sangre.
  • El hombre ama la libertad aunque no sepa que la ama, y anda empujado de ella y huyendo de donde no la halla.
  • La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie.
  • Sólo la opresión debe temer el ejercicio pleno de las libertades.
  • Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía.

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¿Qué son los derechos humanos?

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"En una revolución se fusila sin pruebas (no las necesitamos)" Ernesto Che Guevara